Promoción electrónica

ESTUDIO DE CASO: Índice de la Censura combina el poder de la celebridad y Twitter para luchar a favor de la reforma sobre difamación en el Reino Unido


Las leyes de difamación de Inglaterra fueron repudiadas por la Comisión de Derechos Humanos de la ONU por obstaculizar la libre expresión, y hay motivos para ello. Entre otros problemas importantes, las leyes no ponen en los demandantes la carga de la prueba de demostrar que las declaraciones son falsas; no hay un límite a la cantidad que se pueda solicitar en una demanda; y apenas se menciona el interés público en el texto de la ley. No resulta sorprendente que tanto empresas como empresarios extranjeros demanden por difamación en el Reino Unido, donde es probable que obtengan un resultado favorable. La práctica en tan frecuente que tiene su propio nombre: “Turismo de la difamación.”

Tampoco resulta sorprendente que el miembro de IFEX con sede en el Reino Unido Índice de la Censura haya iniciado una guerra sin cuartel contra los aspectos de las leyes que van en contra de la libre expresión. Tras reclutar celebridades y empleando Twitter como su arma más poderosa, la organización hizo equipo con el PEN inglés y Sense about Science para lanzar la Campaña por la Reforma sobre Difamación en diciembre 2009 (http://www.libelreform.org).

Entre los partidarios de las campañas están los comediantes Stephen Fry y Shazia Mirza, la escritora de ficción Monica Ali, el médico y renombrado columnista Dr. Ben Goldacre y el poeta y novelista Sir Andrew Motion.

“Los comediantes comprenden la libertad de expresión; muchos comediantes usan la comedia atrevida así que fue muy fácil hacer que se interesaran” dice Michael Harris de Índice de la Censura, el gerente de asuntos públicos de la campaña por la reforma sobre difamación. Cuándo buscaban nombres notorios para respaldar la reforma, los grupos se concentraron en aquellos con más probabilidades de ser afectados por leyes sobre difamación represivas: escritores, redactores, artistas, difusores e incluso científicos cuya investigación pudiera “difamar” a compañías.

Las organizaciones deberán escoger celebridades que tengan auténtica pasión por la causa, dice Harris, pero deberán usar estratégicamente el tiempo de las celebridades y tener cuidado de no pedir demasiados favores pequeños. En lugar de eso, las organizaciones deberían dar prioridad a sus necesidades de promoción para que las celebridades se puedan enfocar en los acontecimientos grandes e importantes.

“Necesita sentirlo, tener una idea de cuánto tiempo tienen para dar”, dice Harris. “No hay que pedir demasiado”.

Usar Twitter como parte de la campaña garantizó que las celebridades pudieran tener un gran impacto con una minúscula inversión de tiempo. Los simpatizantes con nombres famosos como Fry y otros han enviado "tweets" a sus seguidores que los alientan a ir al sitio web de la reforma sobre difamación, asistir a actos de procuración de fondos y firmar la petición de la reforma sobre difamación. Al enviar vínculos a informes o columnas, las celebridades que usan Tweeter pueden además educar a sus fanáticos sobre el tema. Al aprovechar la base de fanáticos de las cuentas de Twitter de la celebridad, la campaña ha podido atraer a unos 50,000 simpatizantes, un nivel de apoyo público que no hubiera sido posible sin la herramienta de la red social, dice Harris.

Además de que Twitter puede llegar a cientos de miles de personas en unos cuantos segundos, no está confinado por la geografía. “En nuestros actos de campaña, hemos hablado con gente de todo el país”, dice Harris. “Muchas veces nos hemos centrado en Londres en nuestras campañas pero con Twitter, los usuarios pueden estar en cualquier lugar del mundo”.

Sin embargo, Twitter tiene sus desventajas. La gente que recibe "tweets" con frecuencia está yendo de un lugar a otro y no puede concentrarse en mucho más que los 140 caracteres a los que está limitado un mensaje. Si su organización necesita que la gente dedique tiempo y atención a, por ejemplo, escribir una carta o asistir al Parlamento, tal vez Twitter no sea la mejor herramienta promocional. Harris dice que “Twitter es muy bueno para que la gente haga una sola acción; haga clic aquí, piense en esto, haga esto otro”.

Harris subraya además la importancia de organizar actos en los que defensores de la libre expresión que son tweeters, blogueros y tecnófobos puedan encontrarse en persona. Cuándo los simpatizantes se encuentran, se energizan más y es más probable que trabajen juntos en la web. “La gente estará más dispuesta a pasar mensajes si tienen esa conexión real y social con la persona que está publicando algo”, dice Harris. En reconocimiento de esto, la campaña organizó una serie de “debates en pub” que reunió a activistas de la libre expresión de larga data, tweeteros y nuevos reclutas. “La gente obtiene un lazo emocional más fuerte con la campaña cuando conoce a otros promotores”, dice Harris.

Para compensar el enfoque desproporcionado de Twitter en los jóvenes y hábiles con la tecnología, la campaña empleó además varios métodos diferentes para llegar a las personas que no usan esa herramienta. Se pidió a las celebridades que publicaran artículos de opinión en importantes periódicos que esbozaran la necesidad de una reforma de la difamación (a veces la organización escribía esas columnas para las celebridades). Las figuras públicas a bordo de la campaña hablaron acerca de la reforma de difamación en sus blogs, en radio y en TV. La campaña además celebró varios eventos, como un panel sobre la forma en que las leyes afecta a los documentales y una noche repleta de estrellas que recaudó £15,000 libras (aproximadamente US$23,000).

Gracias en no poca medida al trabajo de Índice de la Censura, PEN inglés y Sense about Science, los tres principales partidos políticos de Inglaterra apoyan la reforma a la ley sobre difamación, y a principios de agosto, el secretario de justicia Jack Straw dijo que el gobierno cambiaría las leyes sobre difamación. Entre otras reformas, prometió que los demandantes no podrán argumentar que los daños se han “multiplicado” cuando una declaración se vuelva a publicar en sitios web y, blogs y sea recogida por otras publicaciones; los cambios de procedimiento abordarán el problema del “turismo de la difamación” y se emprenderán acciones para reducir en parte los cuantiosos costos legales para los demandados. Se requieren muchas más reformas para garantizar que las leyes de Inglaterra ya no pongan en peligro los derechos de libre expresión en casa y en el extranjero, pero estos recientes avances marcan un importante progreso. Vigile a los que esperan silenciar a sus detractores en los tribunales de Londres: comediantes, activistas, escritores y tweeteros no van a dar ni un paso atrás.